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Clavileño.

Actualizado: 4 feb

Es una alegría compartir con ustedes Clavileño, pieza con la que gané el Segundo Lugar en el XXVI

Concurso Nacional de Artes Visuales, en la modalidad de Grabado, convocado por el Museo Iconográfico

del Quijote y que ahora, orgullosamente, será parte de su colección permanente.


Lo que hice en esta pieza fue materializar el capítulo del Quijote llamado Clavileño, en el cual él y su

siempre aliado Sancho Panza son encerrados dentro de un caballo de madera por unos duques, quienes

les vendan los ojos y les hacen creer mediante movimientos y piruetas que están volando por los cielos.

Personalmente fue un verdadero reto temático sostener un diálogo entre la placa, la narración y yo para

dar vida a este pasaje, el cual relata un engaño que rodea al dúo de personajes y su fantasía de la eterna

inocencia e ingenuidad, tal como si estuvieran en una feria.


Realicé esta imagen con las técnicas de aguatinta, aguafuerte y barniz blanco, normalmente utilizadas

para el grabado en metal. En ella lo que representé fue el momento exacto en que el Quijote y Sancho

Panza están dentro de Clavileño el caballo, quien a su vez está escupiendo fuego por la boca. En la parte

de atrás coloqué a los duques en forma de sombras, en cuyas cabezas se ven estrellas blancas titilantes,

dando la ilusión de estar fundidos con la noche misma, noche en la que perpetraron el engaño.


Vale la pena recalcar que, en el texto original, tanto el Quijote como Sancho, llevan los ojos vendados. Al

principio, cuando estaba haciendo el boceto de la estampa de Clavileño, sí les había vendado los ojos,

pero sentía que les hacía falta la esencia de lo que yo hago. Han de saber que en su mayoría todos mis

personajes están mirando al público espectador. Esta marca de estilo mía está basada en la idea de abrir

la invitación a un diálogo recíproco, de verse, mirarse; es como si mis personajes dijeran «Así como me

ves, te veo». Así siento que sería la representación de la cerámica prehispánica hoy en día, es como si

siempre hubiese un contacto. Y eso me lo traje hacia mis imágenes, donde la mayoría está mirando de

frente, tres cuartos o perfil. Entonces, se volvió parte de mi reto personal tomar la decisión de

personificar al dúo con los ojos abiertos.


Cuando le hice los ojos abiertos a estos personajes me di cuenta de que era avivarlos de nuevo y de que

estaba rompiendo con una interpretación «fiel» de cómo es el capítulo y adaptándolo a mi carácter

artístico. Además, el gesto de vendar los ojos me parece muy abusivo, razón por la cual también les

quité esa carga de injusticia y les regresé su conexión con el mundo, aún cuando parezca que están

encerrados y aislados, ficcionalmente no pierden la posibilidad de expresarse, de manifestarse en la

obra.








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